Origen.

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Merengue.

En Cúcuta, el merengue hace parte de la dulcería tradicional y del consumo cotidiano…

En Cúcuta, el merengue se consolidó como una preparación tradicional de la repostería local, presente de forma constante en panaderías, cocinas familiares y espacios cotidianos de la ciudad. Su elaboración artesanal y su fácil acceso hicieron que esta preparación se integrara de manera natural a la cultura culinaria cucuteña, convirtiéndose en un dulce reconocido y representativo del territorio.
Con el paso del tiempo, el merengue dejó de ser solo una técnica adoptada y pasó a formar parte de las prácticas locales, asociándose a celebraciones, acompañamientos y al consumo diario. Hoy, el merengue es entendido como una expresión de la dulcería tradicional de Cúcuta, reflejo de la adaptación de saberes y del valor de lo hecho en casa.

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Solteritas.

Receta que permanece en el tiempo…

La solterita es una preparación que forma parte de la dulcería tradicional del norte del departamento, y en Ocaña encontró un espacio de arraigo dentro de la cocina cotidiana y el comercio popular. Su elaboración, basada en una masa sencilla frita hasta alcanzar una textura crujiente, responde a prácticas culinarias domésticas donde la sencillez y el aprovechamiento de ingredientes básicos eran fundamentales. En Ocaña, la solterita se consolidó como un dulce de consumo frecuente, presente en ventas tradicionales, panaderías y espacios comunitarios, especialmente como acompañante de bebidas calientes o como merienda diaria. Su permanencia en el tiempo se debe a la transmisión práctica del saber, conservado principalmente en el ámbito familiar y comercial.

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Hojaldras.

un dulce tradicional de El Zulia que guarda memoria, territorio y sabor del Norte de Santander.

Para muchos, las hojaldras no se descubren en un libro ni en una receta escrita, sino en un lugar específico, en un momento sencillo. En mi caso, las conocí en El Zulia, un municipio donde la tradición dulce se mezcla con la vida cotidiana y la cercanía de frontera.

Allí, las hojaldras hacen parte del paisaje: acompañan el café, las visitas, las charlas largas y los días comunes que se vuelven recuerdo. No son un dulce exclusivo de un solo punto del Norte de Santander, sino un sabor que se mueve entre municipios, caminos y generaciones, adaptándose a cada territorio sin perder su esencia. En El Zulia, como en muchos pueblos del departamento, estas tradiciones se conservaron gracias a las cocinas familiares y a la transmisión oral, donde aprender significaba mirar, ayudar y repetir.

Las hojaldras representan esa herencia silenciosa que no busca protagonismo, pero que permanece. Son un ejemplo de cómo la frontera no solo divide territorios, sino que también une sabores, costumbres y memorias compartidas. Hablar de hojaldras es hablar de raíces, de historias personales y colectivas. Porque al final, cada dulce tradicional vive en el lugar donde alguien lo recuerda por primera vez.

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Cortado de leche.

Memoria dulce de San Cayetano.

El cortado de leche es uno de esos sabores que hablan en voz baja, pero con profundo arraigo en San Cayetano, municipio del área metropolitana de Cúcuta. Su historia está ligada a la vida rural, a la ganadería y a las cocinas familiares donde nada se desperdiciaba y todo se transformaba con paciencia y saber heredado. En San Cayetano, este dulce se convirtió en una forma de conservar la leche y, al mismo tiempo, de compartirla. Era común encontrarlo en visitas, celebraciones sencillas y momentos cotidianos, siempre asociado al hogar, a la mesa familiar y a los recuerdos de infancia. Más que un postre, era un gesto de cuidado y tradición.

Su raíz no está en una fecha exacta ni en un autor reconocido, sino en la transmisión oral. Pasó de manos a manos, de abuelas a madres, de generaciones que aprendieron observando y respetando los tiempos. Así, el cortado de leche se volvió parte de la identidad local, un símbolo de lo simple bien hecho.

Hablar del cortado de leche de San Cayetano es hablar de territorio, de costumbre y de memoria. Es reconocer que en los pequeños pueblos del Norte de Santander se guardan sabores que cuentan historias, que resisten al olvido y que siguen siendo un puente entre el pasado y el presente.

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Quencos.

Dulzura que nace en el corazón de Convención.

Los quencos nacen en Convención, un territorio donde la tradición dulce está profundamente ligada al campo y a la panela. No es casualidad: este municipio es destacado como el primer productor de panela del Norte de Santander, un reconocimiento que habla del trabajo constante, de los trapiches y de generaciones enteras dedicadas a transformar la caña en sustento y cultura. De esa relación directa con la panela surge este dulce sencillo y significativo, en el que se encuentra con el queso como reflejo de la vida campesina: honesta, compartida y sin excesos. Los quencos no fueron creados para impresionar, sino para acompañar, para ofrecerse en visitas, en tardes tranquilas y en momentos donde el gesto valía más que las palabras.

En Convención y su zona rural, los quencos representan identidad. Cada uno guarda la historia del trabajo agrícola, del saber heredado y de un territorio que ha sido injustamente reducido a estigmas, olvidando que allí también hay tradición, amor por lo propio y una riqueza cultural profunda. Hablar de quencos es hablar de panela, de tierra y de memoria. Es reconocer que en los pueblos donde nace el dulce también nacen historias que merecen ser contadas y preservadas. Porque en Convención, la dulzura no es solo sabor: es raíz, es orgullo y es herencia.

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Dulce de papaya.

Receta que permanece en el tiempo…

El dulce de papaya no pertenece a un solo pueblo ni a una sola historia. Nace del campo, de los patios amplios, de las huertas familiares y de una región que históricamente se ha caracterizado por su riqueza agrícola. En el Norte de Santander, la papaya ha sido un fruto abundante, presente en solares y fincas, formando parte de la vida cotidiana de muchas familias.

Este dulce surge como una respuesta natural al territorio: aprovechar lo que da la tierra y transformarlo con paciencia y saber heredado. En municipios como Ocaña, Convención, Ábrego, El Zulia, San Cayetano y zonas rurales del Catatumbo, el dulce de papaya se convirtió en una forma de conservar, compartir y celebrar. No era un producto para vender en masa, sino un gesto de cuidado y dedicación.

Su historia está ligada a las cocinas familiares, donde el tiempo no apuraba y el aprendizaje era silencioso. Allí, el dulce se preparaba para ocasiones especiales, visitas importantes o simplemente para guardar un poco de la cosecha en forma de memoria. Cada casa tenía su manera, pero el significado era el mismo: respeto por el alimento y por la tradición. El dulce de papaya representa la identidad agrícola del Norte de Santander, un departamento donde el campo ha sido sustento, cultura y herencia. Hablar de este dulce es reconocer el valor de lo artesanal y entender que muchos de nuestros sabores nacen del vínculo profundo entre la tierra y quienes la trabajan.

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Mercocha con queso.

Encuentro de dulzura y tradición en Bochalema.

La mercocha con queso es uno de esos sabores que hablan del territorio sin necesidad de explicaciones. En Bochalema, municipio del Norte de Santander reconocido por su tradición ganadera y la calidad de sus quesos, este dulce encontró una combinación que hoy forma parte de la memoria colectiva de la región.

La mercocha, presente en ferias, plazas y fiestas populares, siempre ha sido un dulce asociado al encuentro y a la celebración. Al sumarse con el queso de Bochalema, el sabor se transforma en una experiencia que refleja el equilibrio entre lo dulce y lo salado, pero también entre dos oficios profundamente ligados al campo: la producción panelera y la ganadería.

Este encuentro no nace de la sofisticación, sino de la cotidianidad. Surge de las cocinas rurales y de los momentos compartidos, donde combinar lo que había a la mano era una forma de crear identidad. Así, la mercocha con queso se volvió un símbolo de ingenio y tradición, un dulce que no solo alimenta, sino que cuenta historias.

En Bochalema y sus alrededores, este dulce ha acompañado celebraciones familiares, fiestas patronales y encuentros comunitarios. No era raro verlo compartirse entre vecinos, reafirmando la idea de que la comida también construye lazos y pertenencia. Hablar de mercocha con queso es hablar de raíz campesina, de territorio y de memoria viva. Es reconocer que en el Norte de Santander los sabores se cruzan, se complementan y se heredan, manteniendo viva una tradición que sigue uniendo generaciones.

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Masato.

La bebida que reúne a Norte de Santander.

El masato es más que una bebida tradicional; es un símbolo de encuentro, conversación y memoria en el Norte de Santander. Su historia tiene raíz en la Provincia de Ocaña, territorio donde se reconoce como una bebida profundamente ligada a la vida campesina y a las herencias indígenas, muy presente en encuentros comunitarios, trabajos del campo y celebraciones populares.

En esta zona, el masato no solo acompañaba los momentos importantes, sino también los días comunes. Servir un vaso era una forma de dar la bienvenida, de invitar a quedarse y de compartir la palabra. Con el tiempo, desde la Provincia de Ocaña, su consumo y su costumbre se extendieron a otros municipios del departamento, convirtiéndose en parte del paisaje cultural nortesantandereano.

Su tradición se ha mantenido viva gracias a la transmisión oral y familiar. Cada generación aprendió observando, respetando los tiempos y entendiendo que el masato no es solo una bebida, sino una expresión de comunidad. En patios, corredores y mesas largas, el masato ha sido testigo de historias, risas y silencios. Hablar de masato es hablar de identidad y territorio. Es reconocer que en los sabores sencillos también habita la memoria de los pueblos y que preservar esta tradición es una forma de mantener vivos los lazos que nos unen como región.