Nuestra historia.

DAI nace desde un sentimiento profundo de amor y conexión familiar. Ainara, mi sobrina, es una parte fundamental de esta historia. Aunque hoy se encuentra fuera del país, su presencia siempre ha estado viva en los pequeños detalles. Ella tenía un emprendimiento de chocolates y firmaba cada entrega con una palabra sencilla pero cargada de significado: AI. Esa firma representaba dedicación, cariño y sueños puestos en cada creación.
Al momento de dar nombre a mi emprendimiento, quise sentirla cerca, rendirle un homenaje silencioso y transformar ese recuerdo en algo que perdurara. Así, DAI no es solo un nombre: es un lazo familiar, una memoria viva y el punto de partida de todo lo que vendría después.
Con el tiempo, DAI dejó de ser únicamente un homenaje personal para convertirse en un acto de memoria colectiva. Cada dulce, cada receta y cada preparación lleva implícita una intención: conservar lo que somos y de dónde venimos. Así como Ainara ponía corazón en sus chocolates, DAI pone alma en cada postre. Este proyecto entiende la cocina como un lenguaje que une generaciones, donde una receta puede contar historias que no siempre se escriben, pero que se sienten en el sabor y en el aroma.

En un mundo donde lo industrial y lo rápido suelen desplazar lo artesanal, DAI apuesta por volver a lo esencial. Recuperar los dulces y postres tradicionales del Norte de Santander es rescatar la historia de abuelas, cocinas de leña, reuniones familiares y celebraciones sencillas pero llenas de significado. Cada preparación busca mantener vivas técnicas, ingredientes y sabores que han pasado de generación en generación. No se trata solo de vender dulces, sino de proteger un patrimonio cultural que se transmite a través del gusto.


DAI mira hacia el futuro sin desprenderse de sus raíces. Este proyecto nace del respeto por la tradición y del deseo de que las nuevas generaciones conozcan, valoren y se identifiquen con los sabores que forman parte de nuestra identidad. Además, DAI busca despertar la curiosidad y el deseo de ir más allá del sabor: que cada dulce o postre invite a conocer su origen, a querer visitar el lugar donde nació la receta, donde se cultivan los ingredientes y donde la tradición sigue viva. Queremos que las personas sientan ganas de recorrer esos territorios, escuchar sus historias y comprender que detrás de cada preparación hay comunidad, memoria y cultura.
Más que un proyecto, DAI es una invitación a reconectar con nuestras raíces, a entender que en cada postre hay historia, territorio y amor. Porque preservar la tradición también es una forma de resistencia, de orgullo y de construcción cultural.

